Articulo publicado en octubre 2020 en la revista Agronegocios: La necesaria convergencia interna
Toda Europa está avanzando hacia una convergencia, interna y externa. Bueno, toda Europa, no. Como en el caso de Asterix, existe un pueblo (en este caso, no galo sino el español) que se resiste pero la presión de las legiones romanas (la nueva lógica de la PAC) aumenta cada día.
Primero se llamaron pagos compensatorios en la reforma Mac Sharry, en 1992. Luego se transformaron en ayudas directas en el Agenda 2000. Luego, con Dacian Ciolos, hablamos de pago básico, complementado con el pago verde y, en la próxima PAC, hablaremos de ayuda básica a la renta para la sostenibilidad.
Las ayudas se calcularon inicialmente en función por un lado de los rendimientos medios locales en cultivos herbáceos y las cabezas de ganado y, por otro, de la disminución de los precios garantizados europeos. Al mismo tiempo, fueron recibidos por aquellos agricultores y ganaderos que, en su momento, tenían cultivos herbáceos y cabezas de ganado. Habían nacido los derechos “históricos”.
El cambio de “pago compensatorio” a “ayuda directa” no solo fue formal, porque se empezaba a romper el lazo entre la baja de los precios garantizados europeos y el nivel de las ayudas. Luego, en los años 2004 y 2005, con Franz Fischler, vino el desacoplamieto, Estaba naciendo la “mochila histórica”, no ligada a una obligación de producción sino al respecto de las reglas de condicionalidad.
Distintas reglas por país
Rápidamente, los Estados miembros aplicaron distintos sistemas. Unos, como Dinamarca, aplicaron directamente una tarifa plana, una misma ayuda para todas las hectáreas elegible. Otros, como España o Alemania, decidieron ajustar los montantes de ayuda por comarcas agrarias y por tipo de tierras. Otros, como Francia, calcularon los rendimientos medios a nivel provincial pero introduciendo un factor de convergencia interna (1/3 del rendimiento nacional) desde el primer día. En cuanto a los nuevos Estados miembros, los países del este, no solo fueron a tarifa plana sino que la aplicaron a toda la superficie agraria útil,, una tarifa planísima.
Poco a poco, a medida que las referencias históricas se difuminaban en el tiempo, el sistema ha ido evolucionando. Por solo poner dos ejemplos, Alemania, por ejemplo, fue poco a poco hacia una tarifa plana por Comunidad Autónoma (los Landers) y va avanzando hacia una tarifa plana nacional. Francia ha ido trasfiriendo entre regiones, desde las mejor dotadas cerealistas del norte del país hacia las de agricultura mixta con ganadería que habían salido menos beneficiadas por el reparto.
La convergencia interna
Este tema de la convergencia interna fue uno de los temas debatidos en la negociación del actual sistema, junto con la convergencia externa al que puedo prometer y prometo dedicar otro artículo más pronto que tarde.
El acuerdo final en el 2013 insiste en que ‘los Estados miembros que actualmente mantienen las asignaciones basadas en referencias históricas deben evolucionar hacia niveles de pago básico por hectárea más similares”, abriendo distintas opciones para avanzar en este camino. El objetivo final es que, gradualmente, “cada derecho de ayuda alcance un importe mínimo del 60 % de la media nacional/regional de aquí a 2019.
Para acabar de complicar las cosas, somos un estado federal sin la cultura, la tradición y las instituciones de un estado federal, como lo estamos viendo en esta pandemia. Los distintos gobiernos autonómicos tienen como referencia su “sobre regional”. Con cualquier cambio, habrá también regiones “ganadoras” y otras “perdedoras”. Las potencialmente “perdedoras” están muy vigilantes pero las potencialmente “ganadoras” claman en defensa de sus, para ellas, legítimos intereses. Por si ya no fuera complicado, la principal región potencialmente “perdedora” es Andalucía, con hoy un gobierno políticamente distinto del de la nación.
La jugada de Miguel Arias
Ante este panorama, Miguel Arias realizó una jugada a varias bandas. Por un lado, implantó una regionalización muy fina, con 50 “regiones” que le permitió acercar las ayudas medias, y por lo tanto avanzar al menos formalmente en la convergencia interna, minimizando los cambios en las ayudas recibidas por los agricultores y ganaderos.
Desde distintos ámbitos, se criticó este enfoque como muy conservador pero yo siempre he dicho y escrito que, en este tema al menos, el Partido Popular había cumplido su programa electoral e hizo exactamente lo que había dicho que iba a hacer.
Al mismo tiempo, utilizó las ayudas acopladas para transferir fondos desde las regiones a predominancia agrícolas hacia las Comunidades ganaderas. Es evidente que un sistema basado en ayudas por hectáreas históricas tiene dificultades para tratar equitativamente al sector ganadero y el movimiento no encontró grandes resistencias, a pesar de que Andalucía, en aquel momento con gobierno socialista, vio disminuir su “sobre” aumentando el de otras Comunidades, la mayoría pero no todas afines al partido en el gobierno central.
La nueva PAC que llega
Estamos inmersos ahora en la negociación, en Bruselas y en Madrid, de la nueva PAC que se aplicara, en principio a partir del 2023. Todo parece indicar que va a incorporar importantes novedades, como son los Eco-esquemas.
Los Eco-esquemas son una novedad. Serían un tipo de medida agroambiental (por lo tanto, más allá de las obligaciones legales), aplicable a gran escala, y sin cofinanciación nacional. A título orientativo, podríamos citar por supuesto la agricultura ecológica pero también la lucha integrada, la agricultura de conservación y el no-laboreo; la ganadería extensiva y la trashumancia; las rotaciones de cultivo incorporando leguminosas y proteaginosas y la cobertura vegetal del suelo; los cultivos leñosos de montaña como ciertos olivares, almendros y avellanos; los circuitos cortos, ventas directas y mercados campesinos.
Pero los Eco-esquemas solo se pueden aplicar sobre las hectáreas que se beneficien de la ayuda básica a la renta para la sostenibilidad. Si no se modifica el régimen de “derechos históricos”, quedan excluidos muchos agricultores, entre los que podríamos señalar ganaderos extensivos, horticultores, fruticultores y vinicultores.
Además, tiene poco sentido que haya titulares de explotaciones agrarias que apenas tienen ya relación con la agricultura pero siguen recibiendo ayudas de la PAC por el hecho de que las recibieron en el pasado, en algunos casos hace ya 30 años. Como tampoco lo tiene que haya nuevos agricultores, muchos de ellos jóvenes emprendedores, que no sean beneficiarios de la PAC por no ser titulares de unos derechos históricos.
Existen muchos problemas mal resueltos con el actual sistema. Entre ellos, y a titulo ilustrativo, podríamos citar la ganadería extensiva o el olivar (o los frutos secos) de baja producción por estar en zonas de montaña.
Estamos hablando a presupuesto constante (el numerador). Esto quiere decir que lo que de a unos se lo tengo que quitar a otros. Si entran más hectáreas en el sistema (fin de los derechos históricos), aumenta el denominador de la fracción y por lo tanto el cociente resultante (las ayudas medias) disminuye para todos los receptores históricos. También quiere decir que si aumentan las ayudas medias en algunas zonas, tienen que disminuir en otros.
La presión aumenta
Toda Europa está avanzando hacia una convergencia, interna y externa. Bueno, toda Europa, no. Como en el caso de Asterix, existe un pueblo (en este caso, no galo sino el español) que se resiste pero la presión de las legiones romanas (la nueva lógica de la PAC) aumenta cada día.
En el mejor y más leído blog de toda Europa sobre la PAC, el de mi amigo Alan Matthews, Jabier Ruiz publicó una entradilla que fue muy sonada: “El peculiar caso de las ayudas directas en España”[1]. Puso aún más al descubierto algo que sabíamos por estas tierras: tenemos una regionalización de las ayudas” que oficialmente consta de 50 regiones pero que, en realidad, son muchas más porque cada “región” consta de distintos territorios y las diferencias entre las ayudas medias de dichas regiones iban de 60 a 1430 €.
Lo que no sabía, al menos entonces, Jabier Ruiz es que, además, las diferencias internas dentro de cada región son muy importantes, incluso más importantes que las diferencias entre ayudas medias. Su diagnóstico de la falta de convergencia interna en España, por radical que parezca, era erróneo por moderado y prudente. La realidad es más cruda aún que lo que él calculó.
Las ayudas futuras no son simplemente “ayudas a la renta”, son “ayudas básicas a la renta para la sostenibilidad”, el añadido que hemos puesto en negrilla es importante. España debe ser capaz de justificar en qué medida estas diferencias tiene que ver con la “sostenibilidad”, en qué medida contribuyen eficazmente y eficientemente a alcanzar los objetivos marcados
El gobierno central podría seguir mirando para otro lado y esperar a la aprobación de la nueva PAC. Pero cuanto más esperemos, más difícil va a ser el deshacer el nudo gordiano que se está anudando cada vez más. Hay que evitar tener que recurrir, como hizo Alejandro Magno, a la espada para cortar de raíz el problema.
Es lógico intentar que los cambios sean graduales para permitir a los operadores económicos el adaptarse. Por esto, parece prudente el utilizar los años que todavía nos quedan hasta la entrada en vigor de la nueva PAC para avanzar en este camino.
Unas crecientes resistencias
A medida que nos acercamos al núcleo duro de las decisiones, las resistencias aumentan. Las últimas semanas nos han dado dos buenas muestras de ello.
Por un lado, haciendo gala de un nacionalismo que supera incluso el que notamos en algunas otras parte del país, desde Andalucía (y no solo su gobierno), se reclama el mantenimiento del “sobre” andaluz. Por otro; un comunicado de COAG-Andalucía, ha levantado polvareda incluso dentro de la propia organización,
El Ministerio ha puesto encima de la mesa para su consulta pública un proyecto de ley relativo al mecanismo de ayudas básicas” para los años 2021 y 2022 en el que aborda la convergencia interna dentro de cada una de las 50 regiones actualmente existente. Como resultado de ello, como señala la COAG-Andalucia[2], habría ganaderos que podrían perder entre el 40 y el 80% de las ayudas”.
Según mi modesto entendimiento, estriamos hablando en primer lugar de ganadería de cebo de vacuno, y seguramente (entre otros) de productores históricos de tabaco. El problema se remonta al año 1992. Cuando se hizo la reforma, al bajar el precio de los cereales, bajaban los costes de producción de la carne de porcina y aviar ya que la alimentación representa entorno al 80% de dicho coste.
Para mantener el equilibrio entre las distintas carnes, tocaba bajar el precio de garantía de la carne de vacuno. Algunos defendimos que era necesario compensar a los ganaderos extensivos, con vacas nodrizas por aquella perdida de ingreso, siempre que se respetara un cargamento máximo por hectárea que propusimos de 1.4 UGB por hectárea. No era necesario compensar al cebo de vacuno porque, como la ganadería aviar y porcina, se iba a beneficiar de la baja de precios de los cereales.
A lo largo de las negociaciones, tanto dentro de la Comisión como en el Consejo, el límite de exclusión de 1.4 UGB desapareció como tal limite y la ganadería de cebo pudo disfrutar también de ayudas. Para justificar las hectáreas que había que presentar en la declaración PAC, algunos arrendaron tierras en los lugares más remotos posibles.
A la hora del desacoplamiento de las ayudas, estas ayudas históricas se fijaron en las tierras de que realmente disponían, llegando a montos de ayuda sin ningún otro tipo de justificación que no sea histórica. Todas las personas cuerdas, y son muchas también entre los dirigentes sindicales y políticos, sabían que esto era crónica de una muerte anunciada. Habrá que resolver el problema social y humano que se pueda plantear para hacer posible lo necesario, o aceptable lo inevitable.
Construir país
Como afirmamos en un reciente artículo otro comentarista habitual de Agronegocios, Eduardo Moyano y yo[3], “en la nueva PAC ya no cabe el cálculo contable de cuánto me va a tocar del sobre nacional para presentarlo como un triunfo ante mi región o provincia, o ante mi sector productivo. Esa es una actitud política ya superada.
Hay que tener más altura de miras. La solidaridad que solemos reclamar a Bruselas y a los otros Estados de la UE tenemos que practicarla aquí, en España, buscando, con sentido de estado, un equilibrio razonable entre las regiones y entre todos los agricultores españoles.
En otros temas criticamos la disgregación de los intereses generales de nuestro país por la presión del nacionalismo cuando se vuelve insolidario. Sin embargo, en el momento de aplicar la PAC, algunos se empeñan en reactivar este discurso disgregador cuando la agricultura y el mundo rural son precisamente dos de los actores que más contribuyen a la necesaria vertebración de nuestro territorio.”
Yo decidí, escogí ser español y andaluz. Además, estuve comprometido con la COAG en sus primeras andaduras. Por esto, me duele profundamente en el alma frases com “se reducirá la ayuda a los andaluces para beneficiar a los aragoneses que, además son los que más cobran por explotación”.
Para justificar su afirmación, se subraya que “la media de ayudas percibidas por agricultores y ganaderos en Andalucía es de 3.189 € mientras que en Aragón la media se sitúa en 5.509 €. El hablar de medias cuando la dispersión de ayudas es tan grande tiene poco sentido.
Las ayudas son para asegurar la sostenibilidad y la competitividad de los autenticos agricultores, los “genuinos”, independientemente de la(s) Comunidad(es) Autónoma(s) en la que ejerzan su noble profesión.
Algunos me dirán que lo que voy a escribir como conclusión es un “buenismo” y es posible que tengan razón. A pesar de todo, a pesar de muchos de nuestros (ir)responsables políticos, creo que es hora, es el momento, tenemos la oportunidad con el Plan Estratégico Nacional, de contribuir a (re)construir mejor nuestro país. Por nosotros, por nuestros hijos y nietos, no tenemos derecho a no aprovecharlo.
[1] Distribution of direct payments: the peculiar case of the Spanish model. http://capreform.eu/distribution-of-direct-payments-the-peculiar-case-of-the-spanish-model/
[2] Transición a la PAC: Los derechos de pago básico más elevados sufrirían elevadas reducciones y habrá una convergencia del 80% de los niveles de ayuda https://agroinformacion.com/decreto-de-transicion-a-la-pac-2021-22-los-derechos-de-pago-basico-mas-elevados-sufririan-elevadas-reducciones-y-habra-una-convergencia-del-80-de-los-niveles-de-ayuda/
[3] Nueva PAC, nuevos tiempos para la agricultura. https://alternativaseconomicas.coop/blog/nueva-pac-nuevos-tiempos-para-la-agricultura